jueves, 18 de noviembre de 2010

SOBRE EL ELITISMO

Últimamente he estado observando y constatando cómo ciertas personas con “éxito profesional” en alguno de sus campos – y no hablo de dueños de grandes multinacionales ni de políticos – , por ejemplo periodistas, economistas, historiadores, divulgadores, científicos, etc. sufren de una grave enfermedad, padecen de una cierta vanidad elitista.

Observo como periodistas que se muestran críticos, valientes, atrevidos y aparentemente objetivos, se desmoronan ante cuestiones básicas e importantísimas como son la crisis climática o el colapso de especie. No quieren admitir las mismas noticias y evidencias que a diario difunden en los medios. Lo mismo sucede con los historiadores, creen que la historia se va a repetir y no son capaces de vislumbrar que el contexto mundial ha cambiado. Sí el mundo es muy diferente, es más pequeño. Y no sólo eso, la convergencia de varios factores como la contaminación, la crisis climática, la sobre-explotación de los recursos, la pérdida de biodiversidad, la superpoblación, el imparable capitalismo, la pobreza, el integrismo religioso, etc. conforman un gigantesca bomba de relojería que en cualquier momento, y no dentro de muchos años, puede estallar. Pero muchos, cegados por el éxito y el miedo, se niegan a admitirlo.

Aún es más duro y doloroso constatar como algunas de las personas a las que admiras y son referencia ideológica, también forman parte de la misma élite a la cual critican, aunque sus palabras intenten precisamente demostrar lo contrario, lo diferentes que son de la “otra élite pro-sistema”.

La explicación a este fenómeno es sencilla. Cuando las personas de las que trata este artículo obtienen prestigio y reconocimiento de algún tipo, cuando están en la cúspide, y ahora generalizo – ya que por ejemplo, parece ser que Vicente Ferrer y otros muchos no eran así – , sufren una catarsis que les hace mutar e integrarse en la élite social, olvidando que están ahí y que son reconocidos gracias al apoyo de las personas a las que han dado esperanza o conocimiento en el pasado. Ésta personas viven, aunque predican lo contrario diciendo que son conscientes, en un mundo creado especialmente para ellos por Lewis Caroll. No creen realmente que les vaya a afectar lo que predican ni creen que sea posible que las cosas vayan a empeorar, porque, simplemente, a ellos les va bien.

Es posible que este fenómeno contagioso sea un defecto de nuestro propio sistema neurológico. Aunque quizás sea consecuencia de una secular educación enfocada hacia el triunfo personal. No lo sé. El caso es que estas personas supuestamente críticas y conscientes sobre las que escribo deberían esforzarse en no dejar de tocar de pies a tierra y ser consecuentes ya que, con el tiempo, sus palabras perderán fuerza y sus actos empezarán a evidenciarlos.

Espero que os haya sido de interés.

Un abrazo,

Pep

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