miércoles, 8 de diciembre de 2010

AUTOMÓVIL DE BATERIAS VERSUS AUTOMÓVIL DE HIDRÓGENO

Es cierto que en lo referente al transporte individual vamos exactamente al revés de como deberíamos. Los automóviles, en general, cada vez corren más, son más grandes, más potentes, pesan más, y por lo tanto, consumen más recursos, innecesariamente, del planeta. La mayoría de automóviles siguen funcionando con evoluciones del antiquísimo motor de combustión interna – ¡inventado hace ya más de 130 años! –, y lo peor, siguen contaminado. En otras palabras, los automóviles del siglo XXI tienen el aspecto externo de una nave espacial, pero su corazón, su motor, su tecnología de impulsión, es inmediatamente posterior a la primera revolución industrial.

Esta paradoja es muy propia de nuestros tiempos. La industria y el capital es conservadora y este hecho lo corrobora. Sólo por la ambición monetaria de los poderosos dueños de las multinacionales de la automoción y del sector energético, entre otros sectores vinculados, no fabricamos automóviles más ligeros, completamente limpios y más eficientes. La industria no fabricará ni lanzará ningún avance tecnológico, realmente significativo, hasta que no haya rentabilizado por completo la tecnología que ya está en el mercado. Esto conlleva hoy en día la destrucción exponencial de todos los ecosistemas del planeta. Por tanto, debemos empezar a pensar que impulsar un vehículo con un peso total de unos, por ejemplo, 500 kgs a una velocidad máxima de 80 km/h (¿para qué queremos ir más rápido?) implica explotar, como mínimo, tres veces menos recursos naturales, además de reducir el número de accidentes y, como consecuencia, exista más seguridad real, etc, que con los vehículos actuales. Y esto por el momento. En un futuro ideal quizás podamos ir más rápido y más seguros con un transporte individual que respete al 100% el ecosistema global.




Pero lo más importante es impulsar al automóvil del ejemplo anterior con pilas de combustible de hidrógeno. Pero... ¿porqué hidrógeno y no sólo baterías?. La industria y el capital ya tienen programado el cambio a coches eléctricos de baterías porque es lo más fácil y lo más rentable para ellos, es decir, el expolio ecosistémico y la tiranía de las multinacionales continúa. El cenit del petróleo está próximo – si no ha llegado ya – , por consiguiente, el reparto del pastel de los beneficios ya está estipulado. Las compañías eléctricas, en su mayoría, generan electricidad, principalmente, con centrales termoeléctricas de carbón (las más contaminantes de todas y las que más GEI emiten) y de gas natural (muy contaminante pero menos que el petróleo y el carbón), y, en un porcentaje mucho más pequeño, con energía nuclear y renovables. Por consiguiente los coches eléctricos de baterías no emiten, directamente, gases de efecto invernadero (GEI) cuando funcionan pero sí, indirectamente, las centrales termoeléctricas que suministran la electricidad que almacenan sus baterías, es decir, se seguirá contaminando a menos que la totalidad de la energía eléctrica proceda de energías renovables (no soy partidario de la nuclear por motivos que ya he descrito en otras ocasiones). Sin embargo las baterías tienen dos problemas más. Uno, el litio del planeta está en manos de unas pocas multinacionales y además es escaso (es decir, “flor de negocio”). Y dos, el reciclaje de las baterías es aún un misterio por resolver...

Debo destacar, por el contrario, que utilizando coches eléctricos de baterías teóricamente el conjunto del proceso debería ser más limpio que en la actualidad – sobretodo si no se utiliza carbón – ya que, en principio, las centrales termoeléctricas de ciclo combinado y los motores eléctricos son más eficientes que un motor de combustión interna.


Por todo lo anterior los automóviles del futuro deben ser impulsados por hidrógeno. El hidrógeno es el elemento más abundante de la Tierra y cualquiera podría generarlo a partir del agua con una tecnología muy simple, y ese es el verdadero problema para los poderosos que controlan la economía del planeta. El hidrógeno puede utilizarse en una pila de combustible (ya existe un Honda en el mercado que funciona de este modo) y combinándolo de nuevo con oxígeno, generar electricidad para impulsar un motor eléctrico. ¿Y el residuo? Agua. ¿Y el proceso? Completamente sin emisiones directas ni indirectas (si se genera hidrógeno con energías renovables, claro).


No debemos obviar que existe un gran avance, año tras año, en el diseño de pilas de combustible menos costosas – necesitan cada vez menores cantidades de platino o de paladio en los catalizadores, aunque estoy seguro que en un futuro muy cercano se utilizarán otros catalizadores con materiales más abundantes –, más potentes y más eficientes.

En conclusión, los vehículos del futuro (inmediato) deberían ser impulsados por hidrógeno mediante pila de combustible (fuel cell), más pequeños (de 1, 2, 3, 4 o 5 plazas reales de ocupación), más ligeros, más lentos (máximo 80 o 90 km/h), menos potentes y por lo tanto, más limpios, más eficientes, más sostenibles para el planeta y, evidentemente, como consecuencia de todo ello, mucho más evolucionados tecnológicamente. Sin embargo, también sería partidario del automóvil de baterías si éstas fueran 100% reciclables y la electricidad para recargarlas fuera procedente exclusivamente de energías renovables.

NOTA: Este post hace referencia al transporte individual aunque, evidentemente, no debemos nunca desestimar las grandes ventajas de la utilización de medios de transporte colectivos si éstos son alimentados directa o indirectamente por energías renovables. Debemos utilizar cualquier medio de transporte sólo cuando sea absolutamente necesario ya que, hoy en día, las telecomunicaciones nos permiten realizar múltiples actividades sin necesidad de desplazarnos. Pero eso ya es otro tema...

¡ Un abrazo !

Pep Peragón

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