sábado, 19 de marzo de 2011

Cuestiones cuestionables: ¿Cómo humanizar el planeta? (por C.H. Castellano)

La mayoría de gentes del planeta, o al menos las que permiten a sus mentes usar el espíritu crítico, tienen muy claro hacia dónde quieren llegar: a un mundo humano. Para ello, critican férreamente al sistema deshumanizador, y visualizan, en un amalgama de fines justos y naturales, un mundo verdaderamente humano.
Pero, ¿cómo llegar, o qué mecanismos utilizar para llegar a este "nuevo mundo"? Dentro de la ideología histórica de lo justo e injusto, de lo antihumano y lo social, se han descrito muchísimas formas para construir un puente desde este sistema hasta otro, o, simplemente, de conservarlo tal y como está. Desechando toda idea inmovilista y convencional que intente reformar este sistema o adaptarlo a nuevos medios o visiones, ya que esto solo comportaría el rechazo de girar a un mundo humano, hemos de analizar los pensamientos y oportunidades para conseguir humanizar el planeta.

La persistenacia de la memoria - Autor: Salvador Dalí

A lo largo de la historia han ido apareciendo grandes pensadores que han intentado cambiar el mundo. A oposición de la impuesta inmovilidad divina sobre la resignación de la esclavitud de unas clases hacia otras, muchos genios (¡llamémosles humanistas!), han trabajado intelectualmente para destruir este sistema insostenible y promover uno más justo y más humano. Todas estas ideologías, estas formas de pensar, se basan en un credo: salvar al planeta y a la especie humana de la autodestrucción y construir un mundo más humano y natural (definición extremadamente generalizada). Así, estas fuerzas ideológicas, que tanto poder tienen en las mentes del ser humano, estas fuerzas que se inmiscuyen en el sentido común de las personas y que hacen despertar el espíritu crítico, el altruismo y la empatía, son instrumentos esenciales para crecer intelectualmente y criticar al sistema, destruirlo, y construir un mundo más humano.
Esta amalgama de conocimientos, que sirven para lo descrito anteriormente, se basa en una ideología legítimamente infinita y conceptual (tal como el ecologismo, el marxismo, el anarquismo, el socialismo revolucionario, el sindicalismo, y un infinito etcétera). Por ese mismo motivo, la discrepancia entre estos grupos ideológicos, se basa expresamente en los medios o acciones qué llevar a cabo. Todos ellos increpan rotundamente y critican al actual sistema deshumanizador con total veracidad y legitimidad. También visionan un mundo más justo, sin clases, sin desigualdades, un mundo más natural, sin necesidad de ejércitos o barreras políticas tales como el Estado o la burocracia. El problema en este sistema A-B-C (Crítica-Medios-Fines), radica esencialmente en los medios, puesto que la carga ideológica secundaria que proponen sus estatutos (la primaria es destruir este sistema inhumano y construir otro totalmente humano), dificulta la relación entre ellos en base a las acciones a llevar a cabo, provocando escisiones y segregaciones.
Este hecho final, esta falta de unidad, engrandece al sistema inhumano, cuya definición ideológica es nula o se basa únicamente en el egoísmo, algo sencillo y rutinario que fácilmente aúna a gentes de todo tipo que no tienen sentimientos humanos, si no sed de poder y materialismo que cohesiona fácilmente.
Es muy difícil recorrer largas distancias con tantos ideales en la espalda y luchar contra un gigante que corre tan rápidamente por su falta, precisamente, de ideales humanos. Aún así, resultaría más sencillo, como cuando todos los grupos ideológicos humanos critican y proponen un mundo más natural, eligieran la vía de la relación mutua, de la simbiosis ideológica, y que hicieran énfasis en su idea general, la de destruir y construir, para esquematizar un medio sencillo y efectivo de lucha unitaria para derrocar a este sistema y construir un mundo humano.
Y, complementando el necesario caso de la unidad, la proposición de un medio unitario para lograr este objetivo no se puede excluir del escrito. Es necesario, ¡después de este clamo a la razón y al sentido común!, el proponer un medio para lograr nuestro objetivo.
Para comenzar, debemos visualizar el contexto de desigualdad que engloba al planeta y que precisamente hace nacer a estas ideologías humanizadoras, como la confrontación de una clase política y económicamente dominante contra una clase física y espiritualmente oprimida. El sistema se basa, por ende, al mantenimiento de un escaso porcentaje de individuos a una posesión material infinitamente superior a la de la clase oprimida. Esta clase dominante, utiliza primeramente al Estado y al ejército (¡y a la propia "democracia"!), y después la explotación inhumana de la clase empobrecida, juntamente con la explotación incondicional del medio ambiente, para perpetuar su clase y su estilo perverso de vida, inculcando, a la vez, un patrón social materialista y superfluo del fin existencial del ser humano, que lo adormece profundamente en la sinrazón.
Así pues, debemos visualizar las diferencias y las desigualdades en el planeta como las diferencias y desigualdades entre clase. Y por tanto, para borrar definitivamente la injusticia de estas desigualdades, debemos acabar precisamente con la existencia de clases. La igualdad material entre clases (aunque no se puede despreciar las formas de vida indígenas, pero sí las puramente materialistas), hará alcanzar un punto de justicia social donde no habrá desigualdades entre individuos, y por ende injusticias. Las excepciones se combatirán excepcionalmente por la única nueva clase humana.
Pero, ¿cómo afrontar esta lucha de clases? Parece claro que la única iniciativa a cambiar la tiene la clase explotada, ya que la explotadora solo busca la perpetuidad de la explotación. Por tanto, es la clase explotada, a través de una reivindicación MUNDIAL (las formas pueden ser diversas, mientras sean todas legítimas, tales como: revoluciones pacíficas, boicots mundiales a multinacionales y bancos, desobediencia civil, preparación intelectual y divulgación, conseguir consciencia de clase, crítica férrea y proposición de sistemas alternativos, manifestaciones, huelgas indefinidas...), la que tiene que conseguir la disolución de la clase explotadora, la expropiación de sus bienes materiales y de opresión, el control equitativo de todos los medios de producción, y la justa repartición de los bienes, a fin de eliminar completamente las clases, que son las que provocan en si las injusticias sociales, guerras, imperialismos, etc.
Este camino conducirá irremediablemente a la conciencia humana empática y altruista, a la humanización de las mentes, a un cambio en los valores sociales que vislumbren el materialismo como algo superfluo e innecesario y lo sustituyan por la colaboración en pos a la competencia a fin de cubrir las necesidades existenciales básicas de los seres humanos. La naturalidad del planeta, la sostenibilidad ser humano-Tierra y la conservación de todo en cuanto nos rodea por nuestros medios científico-técnicos. Más adelante, después de utilizar una democracia totalmente directa y una economía ecológica que garantice la sustentabilidad y el humanismo en las personas, lograremos inserirnos completamente en la biosfera a través de la sustitución definitiva de los mecanismos de regulación político-económicos por algo todavía más espontáneo, sin renunciar a nuestra condición de especie inteligente.
Está claro que lo descrito en este último párrafo queda todavía muy lejos del alcance de la humanidad, y actualmente debemos centrarnos en criticar al sistema que lo deshumaniza todo y a perpetuar las luchas y los medios que nos permitan acceder a este objetivo humano que garantice la inevitable humanización y la sustentabilidad entre especie humana y planeta Tierra.
Lo único que cabe decir es que el tiempo apremia, y nunca sin dejar nuestro espíritu crítico a la vista, debemos tomar acción en el cambio que nos conduzca a lo que realmente queremos: un mundo más humano, un mundo más natural.

C.H. Castellano

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¡¿Y sus alas?! ¡¿Y sus plumas?!
¡Engalanan las praderas,
enternecen a las fieras,
y alumbran las frías brumas!

Por falta de sensibilidad,
por eso, ¡Y nada más!
echamos nuestra vista atrás
y cesamos su libertad.

¡¿Y ese símbolo de la naturaleza?!
Que por su ansío de libertad y llanto,
¡entendemos por felicidad su canto!
pues es su más lúgubre símbolo de tristeza.

C.H. Castellano

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