miércoles, 6 de abril de 2011

EL ARMA DEL SABER CONVERTIDA SIMPLEMENTE EN ARMA (Por C.H. Castellano)

No es muy difícil aceptar la idea de que el futuro del planeta (antropocéntricamente hablando), son las futuras generaciones de seres humanos. Por ende, todas las acciones que cometamos en la actualidad afectarán tanto al planeta como a las siguientes generaciones, así como el papel de las futuras generaciones también será clave en el camino del planeta.
El pensador - Auguste Rodin
Los seres humanos actuamos siguiendo unas pautas de comportamiento infundadas por la familia, el sistema educativo, y las convenciones socio-culturales históricas. Está claro que el papel de la familia es decisivo en el desarrollo intelectual, así como el entorno socio-cultural lo es también en mayor medida. Pero aún lo es más el sistema educativo, que condiciona el papel de la enseñanza familiar, y a la vez está estrechamente relacionado con el entorno socio-cultural.

El sistema educativo es el mecanismo social que desarrolla las capacidades intelectuales del ser humano, y que condiciona para toda su vida su comportamiento respecto a la sociedad y al planeta. Por lo tanto, es el sistema educativo (junto al familiar, que es fruto también de la educación, como el socio-cultural), el responsable de la conducta social del ser humano en gran parte.

Analizando la situación actual, el sistema educativo está obsoleto, y desvirtúa completamente a la condición humana. Primeramente, porque la sociedad ha evolucionado tanto material como ideológicamente, y el sistema educativo fomenta el comportamiento industrial y productivo de la antigüedad, eso sí, adaptado a la feroz competencia voraz del capitalismo actual. En este mismo camino, el sistema educativo rechaza la cooperación amistosa entre sociedades y la sustituye por competencia económica. Fomenta la monotonía y la vagancia con su pesadez redundante y memorística, apartando el sentimiento de vocación por el aprendizaje y la creatividad.

Hace falta mencionar también los intereses que recaen sobre el sistema educativo, y cómo este se ha convertido en un arma, lejos del objetivo puramente intelectual que debiera tener. Poco a poco, en la actualidad, la educación va cayendo lentamente en una vorágine de destrucción masiva. La situación económica hace que los "dirigentes" que deberían contemplar el sistema educativo como el futuro de la especie humana y el planeta, contemplan con este fin a las grandes corporaciones privadas y a los bancos. Mientras la educación pública, accesible para todos en los países desarrollados, disminuye año tras año su financiación y la hace accesible cada vez a una capa menor de la población enriquecida, el presupuesto militar mundial supera actualmente el billón de euros (1.000.000.000.000€). Con la precariedad del sistema educativo, lo que queda es utilizado para fomentar la competitividad y el crecimiento económico gracias al mismo sistema que controla la educación y los ejércitos, así como para desvirtuar el pensamiento libre y las ganas por aprender, para evitar posibles disidencias y tendencias no prosistémicas.

Está claro que el sistema educativo ha quedado obsoleto. Lo que debiera ser el arma de la inteligencia, se ha convertido simplemente en un arma. Si la educación, que representa la evolución intelectual del ser humano, fomenta la competición, el crecimiento económico, la vagancia y la monotonía, e impide brotar la creatividad y las ganas de aprender, el futuro de la especie humana y del planeta será peor generación tras generación.

Si queremos cambiar el sistema que poco a poco va destruyendo el planeta y la especie humana, primero de nada debemos cambiar la ideología competitiva, materialista e inmovilista de la sociedad, y para ello es necesario cambiar el sistema educativo.

Y en contra a las características actuales del sistema educativo, este tiene que estar en continua evolución con las condiciones sociales y naturales, y debe ser necesariamente universal, accesible para todos y cada uno de los seres humanos del planeta, respetuoso con la variedad de sociedades y culturas, pero siempre orientado a la objetividad científica y a la multidisciplinariedad (se deben enseñar por igual las distintas disciplinas hasta la edad adulta y la siguiente especialización). El sistema educativo debe fomentar la cooperación entre seres humanos, sociedades y culturas, y el respeto continuo del entorno, la naturaleza, el medio ambiente y la biodiversidad. Debe suscitar sentimientos empáticos y altruistas, así como la enaltación de la creatividad por medio de una educación vocacional, amena, divertida, y que infunde al placer por el conocimiento y el saber también fuera del sistema educativo.

La educación es un derecho y un deber, es la expresión social de la inteligencia humana, y como tal el instrumento de la evolución social, que puede reconvertir completamente el sentido de la especie, en beneficio para el ser humano y para todo su entorno.

C.H. Castellano

2 comentarios:

  1. No debemos olvidar, y much@s lo hacen, que l@s niñ@s son el futuro y, por lo tanto el futuro depende en gran medida de la educación que reciban dich@s niñ@s. Es@s que hoy en día son tan despiert@s por la generación en la que les ha tocado vivir, desde que nacen están expuest@s al poder de las nuevas tecnologías(internet, videoconsolas, mp4, ...) y no cabe duda que el sistema educativo va, hoy por hoy, por detrás de esas mentes privilegiadas a las que se les podría sacar mucho más partido. Saludos.

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  2. Me encanta este tema, podría pasar mucho tiempo hablando sobre educación, pero todavía podría pasar mucho más escuchando hablar de él a docentes competentes y comprometidos.
    No hay duda de que el sistema educativo está obsoleto, si es que en alguna ocasión estuvo a la altura de las necesidades. Hoy se sigue pensando en las escuelas y universidades como en las cadenas de montaje de una industria que ha de generar máquinas y no seres humanos.
    Me considero una víctima de ese sistema, ya que al finalizar los estudios universitarios me encontré completamente perdido, sin conocimientos ni pasión por la que se suponía que sería mi profesión, y lo más importante que no me habían enseñado: el placer de aprender y estudiar.
    Ahora, de un modo autodidacta, estoy dispuesto a morir aprendiendo y a emprender cada nuevo libro y cada nuevo ensayo o artículo con ilusión. Y creo que despertar esa ilusión, en el campo que sea, debería ser el mayor objetivo para cualquier sistema educativo, y no limitarse en evaluar unos conocimientos perecederos, con fecha de caducidad puesta en las próximas vacaciones, pues la memoria tiene sus límites pero no así el espíritu del saber.

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