lunes, 16 de mayo de 2011

NACIONALISMO, INDEPENDENCIA, Y FASCISMO: PALABRAS MUY DIFERENTES (Por C.H. Castellano)

"El derecho de autodeterminación es el derecho de un pueblo a decidir sus propias formas de gobierno, perseguir su desarrollo económico, social y cultural y estructurarse libremente, sin injerencias externas y de acuerdo con el principio de igualdad. La libre determinación está recogida en algunos de los documentos internacionales más importantes, como la Carta de las Naciones Unidas o los Pactos Internacionales de Derechos Humanos."





Miles de años de civilización han inundado a la especie humana de sentimientos de identidad con la sociedad que les ha rodeado.

Ciudades colonizadas, imperios sobre cimientos de sangre y opresión, monarquías absolutistas y totalitarias, democracias subjetivas, economías injustas... todo esto ha hecho brotar siglo tras siglo amor por lo propio, por lo familiar y cercano, por la tierra cultivada y las aguas próximas... y recelo por lo lejano y desconocido. Muchos estilos de vida, muchas culturas y muchas formas de relacionarse dan lugar a muchas naciones. Lo queramos o no, todos sentimos una afección más pronunciada por la tierra que nos rodea, por las costumbres de nuestros antepasados y sus formas de vida, por la naturaleza y las montañas que podemos observar, por las plantas y animales que solemos ver...

El nacionalismo mantiene que cada nación debe formar su propio Estado con las bases de la soberanía nacional. A lo largo de la historia, las pequeñas culturas o naciones se organizaban, ellos mismos, según sus estilos de vida y necesidades. Poco a poco empezaron a aparecer los grandes imperios que todo lo colonizaban, menguando así (o haciendo desaparecer) las pequeñas naciones-estado culturales. Actualmente el imperialismo aún continua, y lleva el nombre de capitalismo. Éste absorbe a todas las culturas, naciones y Estados del planeta, llevando a cabo una uniformización basada en el seguimiento de las pautas de consumo y materialización de occidente.

Pero de vez en cuando, algunas de estas naciones absorbidas por la uniformidad y fuerza de imperios a lo largo de la historia se revelan por su condición cultural y reclaman los derechos de volver a auto-organizarse como antaño lo hicieron. Analizando el contexto, aparece el nacionalismo histórico en una región, y reclama el derecho de la independencia.

Ante esta situación debemos aceptar incondicionalmente los derechos de los humanos a poder elegir su vía de progreso y organización sin vacilaciones, pues encadenar en contra de la voluntad a una sociedad a unos regímenes no anhelados supone la más cruel esclavitud moderna a algo tan natural como el derecho a vivir dignamente cómo crea la sociedad (siempre y cuando no dañe a otras sociedades, claro está).

Ahora bien, ¿cómo llevar a cabo la independencia de un territorio? Debemos tener muy claro que la independencia tiene que conllevar un progreso humano a la sociedad nación-cultural. Por lo tanto, poniendo un ejemplo sencillo y cercano, sería del todo inútil reclamar la independencia de un territorio que se ve subyugado a la monarquía y a una democracia injusta, a una economía capitalista inhumana y una sociedad estamental, para crear un Estado nuevo con la excusa de la cultura histórica basado en una democracia igualmente injusta, con un sistema económico igualmente humano y con una sociedad estamental como la de antes. Es el tipo de independencia que persiguen, por ejemplo, los grupos políticos de Convergència I Unió o Solidaritat Catalana, cuyos objetivos de independencia son el nuevo Estado para centralizar otra vez los beneficios en la burguesía catalana y mantener el statu quo.

Por otra parte, un proceso de independencia justo conllevaría el progreso humano en todos los sentidos. La creación de un nuevo Estado basado en la demanda cultural histórica y la justicia social y natural, se llevaría a cabo para establecer una sociedad más justa, libre e igualitaria, con una política verdaderamente democrática, con una economía basada en los recursos, con una sociedad sin clases y con un amplio respeto al entorno y a todas las formas de vida. Es en estos procesos y en muchos otros donde aparece otro movimiento, injusto, inhumano y repugnante, llamado fascismo.

Por una parte, el fascismo puede presentarse en cualquier Estado con ciertas regiones que reclaman su autodeterminación. Básicamente por las pérdidas económicas que pudieran suceder (debido a una economía injusta, desigual y centralizada), el Estado oprime con armas ideológicas fascistas a la población, desvirtúa el derecho a decidir e infunde a la sociedad sentimientos de recelo contra este derecho fundamental. Niega la oportunidad y la ilegitima con diversas sandeces creadas, a medida que utiliza el patriotismo como el arma fascista más colosal.

Asimismo, el fascismo puede ser utilizado como arma social para unificar a un determinado estamento de la población. Delante de una crisis económica, los fascistas, que mayormente representan a una clase poderosa (aunque también lavan el cerebro a los más débiles), dirigen el problema del sistema político y económico a otros Estados o estamentos sociales. Así, es recurrente observar cómo los fascistas arremeten contra los inmigrantes como causantes de la crisis económica o fomentan el socialdarwinismo como arma de supervivencia del más fuerte (económicamente) en la sociedad. El fascismo no sólo sirve para negar el derecho de autodeterminación a las naciones o arremeter los problemas de la política y la economía a los inmigrantes o a otros países, si no que fomenta la competitividad entre sociedades, el odio entre culturas, las desigualdades entre países, la violencia justificada, e incluso actos de barbarie históricamente conocidos.

Como férreo defensor de la empatía, el altruismo, el sentido común, el humanismo y la filantropía, me niego a aceptar cualquier idea o absurdidad inhumana del fascismo, que se condena sólo a la abominación y a lo absurdo.

También expreso mi apoyo al derecho básico e innegable de todas las sociedades, culturas y naciones a la autodeterminación. Asimismo, me veo obligado a clamar por una autodeterminación que conlleve a la humanización de la sociedad, haciéndola más libre, más igualitaria y más justa en todos los sentidos, y dar la espalda a intereses egoístas que reclamen este derecho para beneficio propio.

Aun así, mi idea de nación es muy amplia, pues dentro de la persistencia innegable de diversidad de culturas y formas de vida, la nación humana es la que debe prevalecer por encima de todas, sin necesidad de fronteras, y por ende, de desigualdades e incomprensiones. Así me veo obligado a luchar, como lo hago día a día, para este objetivo común, y levantar un muro y olvidarme del más allá me parecería aún hoy un acto de incomprensión, mientras que defender el derecho de la vida y hacer desaparecer lo que nos oprime, nos tiene que servir para poder dormir a todos con la puerta de casa abierta.

C.H. Castellano

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