sábado, 11 de junio de 2011

EL ÉXITO DE LA REVOLUCIÓN PACÍFICA: ORGANIZACIÓN Y PERPETUIDAD (Por C.H.Castellano)

La fecha del 15 de Mayo del 2011 va a ser recordada no solo por todos los españoles y las gentes del mundo, sino que quedará grabada en la evolución política y tendrá relevancia histórica.

Autor: Sergi Peragón

El símbolo de la revolución como algo histórico del pasado ha dado paso a la realidad de un movimiento que puede cambiar el mundo y el camino de la especie hacia un sistema más democrático, justo, libre y humano.

Aun así, el cambio sistémico pasa obligatoriamente por el éxito de muchos factores (concienciación social, cambio en los valores de la sociedad, etc), entre ellos, el éxito de la revolución pacífica.

Para el éxito de esta revolución social es necesario, por una parte, la organización individual y colectiva del movimiento. Aún sabiendo que las revoluciones son procesos espontáneos que surgen por los procesos evolutivos de la historia a raíz de desigualdades en la sociedad, y que, en nuestros tiempos, el papel de las nuevas tecnologías tiene un peso enorme en este resurgimiento, el papel organizativo es aún más importante. En medida de lo posible, los medios de comunicación, controlados en mayor medida por el poder y los grandes capitalistas, han centrado el origen de las protestas en la convocatoria de las redes sociales, infundiendo la responsabilidad y la heroicidad de los movimientos a redes como Facebook o Twitter. El objetivo de estos medios capitalistas: deslegitimizar  el poder de convocatoria y organización de las organizaciones políticas, sindicales, y de izquierda social y radical (para evitar un desplazamiento de la sociedad a estas corrientes). En todo caso, el papel de la espontaneidad de la revolución ha sido claro como en la mayoría de las pasadas, y las nuevas tecnologías han ayudado a su difusión, pero el desarrollo y éxito de la revolución ha sido gracias a los movimientos asamblearios de base, al apoyo social de la clase trabajadora, la creación de sindicatos independientes, la movilización y apoyo de los sindicatos a huelgas, etc. Por lo tanto, es a estos movimientos organizativos a los que tenemos que dirigirnos (y utilizar, por supuesto, todos los medios tecnológicos posibles para facilitar el trabajo) para mantener viva la llama de la revolución y conseguir la organización necesaria para la unidad y el trabajo conjunto.

Quizás pueden desaparecer las acampadas como método estratégico para mantener la imagen de la revolución intacta, pero los movimientos asamblearios de plazas y barrios, las luchas y movilizaciones, así como las concentraciones sindicales, deben mantener la misma fuerza de unidad y continuidad organizativa para mantener el movimiento al día.

Muchos opinan que la única continuidad del movimiento radica en la creación de un partido político. Puede ser una buena opción, quizás lograría percibir muchísimos votos y hasta obtener representación parlamentaria, y eso le permitiría hacer una fuerte oposición a los partidos políticos capitalistas. Aún así, el reformismo político que pretende esta idea se vislumbra muy complicado por los grandes poderes antagónicos respecto al movimiento dentro de la política nacional y sobretodo internacional (UE, FMI, BM, G8, etc). Por lo tanto, el mecanismo más efectivo sería la continuidad perpetua de la movilización social de base, el impulso de las luchas y la organización, puesto que el capitalismo no se puede reformar desde dentro, se tiene que destruir desde fuera.

Esto nos lleva al segundo punto del éxito de la revolución, que es la perpetuidad. Como todos sabemos y es fácil de intuir, toda revolución conlleva a una contrarrevolución. El intento de quitar poder a los poderosos o exigir regulación a los bancos y a la administración han provocado una respuesta dura al movimiento (tanto física como psicológica), mediante la carga policial y el acoso mediático. Por lo tanto, esta histórica lucha de clases entre oprimidos y opresores, entre revolucionarios y contrarrevolucionarios, se decanta hacia uno u otro lado. Si la revolución cesa, la contrarevolución gana, por eso, acuñando el término de Trotsky de "la revolución permanente", la lucha por la justicia y la libertad del pueblo, mediante la revolución social de base, debe perpetuarse a lo largo del tiempo hasta que los poderes sucumban al sentido común de las exigencias de los más humildes y justos de la sociedad. ¿Cómo perpetuar la revolución? Como hemos comentado antes, mediante la organización individual y colectiva, el impulso de las luchas de base, las movilizaciones sociales, el trabajo sindical, etc.

Lo que antaño parecía parte de la historia ha llegado. La convención social de la indiferencia y la pasividad ha dado lugar a las épocas del activismo y la movilización. Las ganas por cambiar el mundo, por construir un entorno más democrático, justo, libre e igual ya no son parte de una pequeña porción del globo. El cambio se vislumbra en un horizonte no muy lejano, y los medios más eficaces para ello – la concienciación colectiva y la revolución – han llegado en tiempos justos de la crisis del sistema perverso del capitalismo.

Es hora de alzarnos por nuestra condición. ¡Viva la revolución pacífica!

C.H. Castellano

1 comentario:

  1. Como siempre tengo que admirar esa asombrosa capacidad de sintetizar y expresar con tanta claridad parte de lo que pienso, de lo que muchos pensamos. Cosa además muy necesaria, pues leer sobre lo que nos preocupa y la autocrítica es tan necesaria como mirarse en un espejo para arreglarse el pelo decentemente.

    Llega uno de tantos momentos de inflexión que, a mi parecer, van a estar presentes a lo largo de la revolución que iniciamos. El devenir de la misma depende de los pasos, actitudes y acciones que emprendamos, y no hay mejores cimientos que una buena organización y concienciación, primero individual, después colectiva.

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