martes, 28 de junio de 2011

SATYAGRAHA Y AHIMSA, DOS MEDIOS PARA CONSEGUIR UN MUNDO MÁS HUMANO (por C.H.Castellano)

En estos tiempos de legítimas protestas, donde el pueblo se alza ideológicamente y combativo contra los poderes políticos y económicos, es necesario, en gran medida, echar la vista atrás y consultar, meditar y adoptar las ideas y las acciones de sabios pensadores, humanistas, filántropos, intelectuales y filósofos, con el objetivo de no naufragar en el largo viaje hacia la justicia.


Hace aproximadamente un siglo, un gran ser humano, Mahatma Gandhi, vislumbró lo que en un futuro le llevaría al tremendo éxito que logró alcanzar. Así, utilizando su más sensible conocimiento sobre la lucha, emprendió un largo camino apoyado en dos conceptos valiosos. Por una parte, Satyagraha, o la búsqueda y la lucha por la verdad, debía servir para defender con firmeza el concepto de lo incuestionable. Mediante este proceso, se logró no solo adoptar unas pautas de evolución en los movimientos, sino concienciar a la sociedad que la lucha por la verdad, o en definitiva, adoptar un comportamiento humano y alcanzar la justicia, era algo más que una utopía. Para alcanzar este fin, el modelo de lucha que propuso fue el llamado Ahimsa, es decir, la lucha de la no-violencia. En ciertas ocasiones el propio Gandhi, que alzó a miles de personas en una sola ciudad, tuvo que reiterar el significado de este concepto por la súbita espontaneidad de la violencia, por lo que a veces llegó a tener enfrentamientos entre sus seguidores. De todas maneras, el ahimsa no solo tuvo éxito, sino que significó para todo el mundo que una lucha con conciencia y espíritu inteligente, adoptando así los medios para no causar pérdidas, era posible.

En estos momentos la sociedad también se encuentra en una época de luchas. Pero también, y como de costumbre, confusa ante las cuestiones de qué hacer y cómo hacerlo. Muchos nos podrían decir que lo único que hay que hacer es aglutinar a la masa social o trabajadora y seguir las pautas organizativas de un movimiento o de un líder; que con salir a la calle basta. En parte es del todo correcto. La movilización y la acción son indispensables para el éxito de una exigencia popular. No obstante, no nos encontramos ante algo totalmente espontáneo, y por ello, no podemos esperar a que la gente salga a la calle como un bebé pueda aprender solo a caminar. Es necesario, antes de nada, que sepan por qué salir a la calle y qué deben defender. Gandhi lo podría llamar satyagraha, y nosotros ahora lo llamamos concienciación social. Porque con la concienciación social, no solo sabrá la gente por qué debe salir a la calle y por qué debe luchar, sino que lograremos afiliar más gente confusa a esta lucha justa. Por supuesto, tenemos que combinar la concienciación con la acción, pues ninguna puede ser independiente de la otra ni del éxito del movimiento.

Una de las cosas que más se ha hablado durante el último mes, es del método de acción. La sociedad también está confusa por cómo actuar. El simple miedo a actuar por las décadas de inactividad combativa y la fuerte criminalización del movimiento han hecho adoptar a las personas, más que un estilo de lucha, un método de expectación. Si de algo estamos seguros, es que hemos estado oyendo el término de la no-violencia sucesivamente. El ahimsa de Gandhi ha sido, pues, adoptado por la sociedad en término. Pero aún creo que no ha sido puesto en práctica. Pues el término de la no-violencia va más allá del únicamente no hacer violencia. Manifestaciones y movilizaciones son ejemplos de ello, pero creo que lo que mejor describe a la no-violencia es la continua y férrea resistencia. Sabemos que en una sociedad civilizada como la nuestra los gobiernos no se pueden permitir masacres como en Tiananmen, Libia o Siria. Utilizando nuestro agudo sentido de la perspicacia, el sentido común y nuestro intelecto y la opción de la resistencia indefinida, se podría ganar la lucha con el ahimsa. Pues así, no solo las manifestaciones o las movilizaciones y acampadas son imágenes de la no-violencia. La huelga general indefinida, la desobediencia civil, la ocupación de centrales políticas y audiovisuales, la difusión informativa, etc, son también mecanismos para ganar la lucha en una sociedad como la nuestra utilizando la no-violencia. Pues, aún cuando se haya de adoptar el estilo de lucha a las condiciones que se dan en el transcurso del conflicto, la no-violencia y la utilización del sentido común es, hoy y en nuestro lugar, el mecanismo más efectivo y socialmente más legítimo y aceptado.

Como decía Schopenhauer, la palabra humanidad, aunque parezca extraño, nos recuerda a piedad. Y esto es otro punto a favor para adoptar una lucha conciente, pacífica y efectiva para conseguir un éxito socialmente rotundo.

C.H. Castellano


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